Los retos del deporte ante el Covid-19

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El Deporte en tiempos de Covid-19

En todos los sectores económicos se ha tardado en aceptar el largo parón que suponen las cuarentenas. El deporte no ha sido ajeno al proceso...

En todos los sectores económicos se ha tardado en aceptar el largo parón que suponen las cuarentenas. El deporte no ha sido ajeno al proceso, y hasta la segunda semana de marzo no se suspendían las ligas Serie A, luego LaLiga, la Champions League y Premier League, y finalmente la NBA, esta por positivo de dos de sus jugadores. Pronto las imitaron torneos de todas las disciplinas, y una semana después se convertían de temporales en indefinidas. Quedaban los Juegos Olímpicos, pero al aplazarse hasta 2021 enviaron un mensaje rotundo: el lapso en las competiciones va a ser largo, y su fecha de reapertura tardará en saberse.

Es una pausa que nos obliga a abordar las repercusiones del COVID-19 y las estrategias que permitan superarlas. Preparándonos además para retomar el papel central que el deporte tiene en la vida de todos, una vez la epidemia concluya. Muchas personas han quedado privadas de esa inyección de felicidad que son los encuentros, y pedirán a gritos que ese vacío vuelva a llenarse al finalizar las cuarentenas. ¿Estaremos preparados? Que la respuesta sea un sí rotundo, o un tal vez, dependerá de cómo afrontemos cuatro aspectos fundamentales de este parón.

1. El entrenamiento y la forma física de los jugadores.

Como ya se ha contado previamente en un artículo, los preparadores del FC Barcelona, tienen que desarrollar nuevas estrategias ante esta situación insólita. El habitual descenso del VO2 Max y de presión sanguínea que llevan a menor consumo de oxígeno, así como pérdida de masa muscular en un confinamiento, se están paliando en todos los equipos y atletas mediante un seguimiento diario y rutinas en domicilio. Además de eso los astronautas de la NASA y la Agencia Espacial Europea han advertido que uno de los aspectos más relevantes del confinamiento es el sicológico. Los atletas sentirán el estrés provocado por el temor a la pérdida de forma física y acusarán, si no se es muy imaginativo, entrenamientos repetitivos. Una adecuada gestión de estos temores y el abordarlos de forma rápida pueden reforzar la resiliencia, tomando la cuarentena como un entrenamiento mental más para adaptarse a situaciones extremas. También será imprescindible ser realista, admitiendo que parte de la coordinación de equipo se perderá al no poder entrenar en grupo. Las necesidades para la vuelta al juego pueden no ser diferentes a las que se producen tras las vacaciones de verano.

2. La gestión de los estadios cerrados

Equipos de todo el mundo han perdido los ingresos de sus tours para visitantes, tiendas y museos y también los que complementan la venta de tickets. Como ejemplo, solo en 2019 el Allianz Arena ingresó casi 7 millones de euros por las cervezas, salchichas y refrescos vendidos durante los partidos y 10 M€ por las visitas al FCBayern Museum. Esas cifras pueden darnos una idea clara del perjuicio que supone disputar encuentros a puerta cerrada, como se hizo al principio de la epidemia. No es solo económico, también sicológico: los jugadores suelen recordarnos la dificultad de concentrarse sin las reacciones del público, y de la frialdad que sienten después de realizar una gran jugada. En la grada se produce la emoción visible y audible de un partido y, sin ella, las televisiones pierden interés por la retransmisión. La pregunta es si una vez finalizada la cuarentena se autorizarán, o no, los eventos multitudinarios.

El caso de Italia, la primera gran contagiada en Occidente, ha enviado un importante aviso a las autoridades. El San Siro, donde jugó el Valencia FC-Atalanta pudo haber sido una bomba biológica que ayudó a expandir la epidemia. No solo por los que fueron al estadio: el 35% de la plantilla del Valencia dio positivo por COVID-19, luego aparecieron casos en el Atalanta, y también entre los periodistas que viajaron a Milán. Pero además los aficionados que se reunieron en los bares, calles y casas fomentaron el contacto y el contagio, que en los días y semanas siguientes crecería en proporción geométrica.

Es fácil prever que los gobiernos de todo el mundo tomarán en cuenta el caso del San Siro, limitando, quizá durante meses, las reuniones masivas, y de manera concreta las deportivas. Eso condenaría a jugar el resto de la liga a puerta cerrada, quizá en verano, como pretende la Premier League arrancando de nuevo en junio. Pero incluso si así fuera, los científicos apuntan a que puede haber un rebrote de la epidemia en otoño, como ocurre con la gripe común. Pudiera suceder que entonces las ligas volvieran a interrumpirse, y que los parones momentáneos pasaran de situación excepcional a recurrente.

Y cuándo volverían las cosas a la normalidad. Idealmente, cuando exista una vacuna y se administre de forma masiva a la población, para lo que en los mejores pronósticos todavía falta un año.

3. Las pérdidas económicas

Este es sin duda el punto más complejo, precisamente por la incertidumbre a la que acabamos de aludir. En el peor de los escenarios y dando el año 2020 por perdido, se impone la reducción de retribuciones en la plantilla. La NBA tiene una cláusula en sus contratos que le permite hacerlo, y que aprovechará restando el 1% del importe del contrato de cada jugador por encuentro no disputado. Si eso no es suficiente los equipos tendrán que sentarse a negociar con sus jugadores y técnicos, como de hecho ya están haciendo los grandes clubes de fútbol. Lo que nos lleva a considerar el reparto de la carga económica.

Además de los atletas de élite, en la cúspide de los ingresos, está la plantilla técnica, cuyo papel es fundamental para el trabajo de los primeros y cuya supervivencia económica puede ser más complicada. Aquí se abren oportunidades para los clubes más grandes que, aprovechando su músculo financiero, podrán atraer el talento técnico de profesionales que se quedan sin trabajo. Pero tras esto subyace un peligro, porque si los pequeños y medianos desaparecen de la competición también se esfuma la esencia de las propias ligas. Regulación de empleo, búsqueda de ayudas gubernamentales y líneas de crédito bancario tendrán que completarse en conjunto, con la implicación de todos los equipos, y compartiendo soluciones. Más que un sálvese quien pueda es, si queremos conservar las competiciones, un salvémonos todos.

En la siguiente entrega, medios de comunicación y fan engagement: las dos oportunidades de este parón.

Martín Sacristán

Vía: barcainnovationhub.com/

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